06 de septiembre del 2019
Salmo 103
HIERBA Y GRATITUD
“La vida del hombre es como la hierba; brota como una flor silvestre: tan pronto la azota el viento, deja de existir…”Salmo 103:15-16
Leí un relato de un hermano cristiano que, mientras estaba hospitalizado en estado crítico, tuvo una abrumadora experiencia de gratitud. Describe un silencio melancólico que se había establecido en la unidad de cuidados intensivos a las dos de la mañana. Entonces, sólo en la oscuridad, su espíritu fue repentinamente poseído por algo que concluyó que era gratitud. Dijo que se produjo como una convulsión, de un gozo puro e inmaculado.En ese momento se dio cuenta de cuán frágil y fugaz es la vida, pero también de cuán preciosa y milagrosa es. Dijo que había estado tan ocupado siempre, que casi había olvidado el regalo de la vida. En su gratitud, todo lo que pudo decir fueron las palabras del Salmo 103: “Alaba, alma mía, al Señor; alabe todo mi ser su santo nombre”.Con palabras tanto simples como inquietantes, el salmista nos recuerda: “La vida del hombre es como la hierba; brota como una flor silvestre: tan pronto la azota el viento, deja de existir…” Aunque estas palabras pueden darnos pausa, no nos llevan a la desesperación. Porque también podemos estar seguros de que “desde siempre y para siempre, el amor del SEÑOR está con los que le temen”.El amor de Dios está con nosotros y no permitirá que nada nos separe de él. ¡Alabado sea el Señor!
Señor, hoy nos recuerdas cuán fugaz y preciosa es la vida. Recibe nuestro agradecimiento por este regalo incomparablemente bueno. En el nombre de Jesús, Amén.