16 de septiembre del 2019
Juan 11:38-44
GRATITUD EN LA TUMBA
“Quitaron la piedra, y Jesús, mirando al cielo, dijo: Padre, te doy gracias porque me has escuchado.” Juan 11:41
Una de las cosas más sorprendentes sobre la resurrección de Lázaro realizada por Jesús, es la intimidad de esta historia. La conexión humana de Jesús de amistad, cuidado y dolor con María y Marta por la muerte de Lázaro muestra que Jesús es como nosotros. Jesús hizo amistades. Él expresó sentimientos y emociones. Él experimentó tristeza y empatía. Cuando Jesús clamó para que Lázaro saliera de la tumba, ese grito se elevó de un dolor no sólo por su amigo, sino también por toda la humanidad atrapada en las garras de la muerte. Mientras estaba de pie ante esa tumba de la muerte, el corazón de Jesús se rompió por ti y por mí.Pero la muerte y el dolor no ganan aquí. Dios es aquel cuyo aliento anima a todos los seres vivientes. Y Jesús, el Hijo, está tan íntimamente conectado con el Padre, que no hay duda de que el Padre escucha sus oraciones. Jesús ora en voz alta por el beneficio de quienes lo rodean: “Padre, te doy gracias porque me has escuchado”.Entonces Jesús resucita a Lázaro de entre los muertos. Jesús mira a la muerte directamente sin temor, aunque sabe cuán asustados estamos por ella. Jesús puede pararse junto a la tumba con gratitud porque él conoce el plan de Dios para traernos vida a través de su propia muerte. Y hoy él quiere que tú y yo lo sepamos también.
Ayúdanos, Dios nuestro, a encontrar consuelo y alegría en la buena noticia de que has hecho añicos a la muerte a través de tu Hijo, Jesús. Oramos en tu nombre. Amén.