24 de agosto del 2019
Hechos 2:22-38
JESÚS, EL MESÍAS VIVIENTE
“Pues no me dejarás en el sepulcro… Hay gran alegría en tu presencia; hay dicha eterna junto a ti.”Salmo 16:10-11
El fuego del Espíritu ardió brillantemente para que todos lo vieran en Pentecostés. Personas de todas las naciones escucharon las maravillas de Dios en sus propios idiomas. ¿Por qué Dios estaba haciendo todo esto? Quería convencer a Israel de que Jesús les fue entregado por el plan deliberado de Dios.El Mesías tuvo que morir, pero no permaneció enterrado en una tumba; fue resucitado de entre los muertos y exaltado a la diestra del Padre. Por la inspiración del Espíritu Santo, Pedro explicó: “Pero Dios lo resucitó, liberándolo de los dolores de la muerte, porque la muerte no podía tenerlo dominado.”En nuestra era científica, muchos insisten en que la vida después de la muerte es sólo un cuento de hadas. Pero la multitud de testigos de la resurrección de Jesús y los poderosos efectos que millones de personas le han atribuido al Jesús vivo, revelan la verdad de la resurrección.Cuando las gentes escucharon el mensaje de Pedro en Pentecostés, se arrepintieron y le pidieron al Espíritu de Jesús que viviera en ellos. Ésta es la respuesta adecuada para todos. ¡Arrepentirse! Dejen atrás las preocupaciones, los vicios y los defectos de su vida anterior. ¡Jesús les ofrece su poder de resurrección, su nueva mentalidad y su presencia diaria como garantía de la vida eterna!
Señor, yo creo en la resurrección de los muertos. A través de tu Espíritu lléname de tu nueva vida hoy. Amén.