30 de mayo del 2019
Rut 4:18-22; Ester 10:1-3
REDENTORES EXALTADOS
“Él cuida los pasos de sus fieles, pero los malvados mueren en la oscuridad, porque nadie triunfa por la fuerza.” 1 Samuel 2:9
Increíblemente, un mero judío que se había sentado diariamente en la puerta del rey se convirtió en el segundo al mando de toda Persia. Inesperadamente, un pastorcillo humilde llamado David se convirtió en rey del pueblo de Dios. Ambos tomaron decisiones sabias cuando se les pidió que actuaran. Ninguno de los dos buscaba ser redentor y salvador de Israel.Buscar grandeza es impropio, especialmente para el pueblo de Dios. Obtener grandeza mediante la manipulación es algo que Amam haría, pero Mardoqueo sirvió y confió en Dios, quien le dio honor y una gran responsabilidad, en la cual sirvió fielmente. Contrariamente a las formas del mundo, un sentido honesto de indignidad y una voluntad de servir a los demás en lugar de a nosotros mismos parecen ser requisitos para los buenos y fieles servidores del gran Rey.El apóstol Pablo exhorta a sus lectores que: “… ninguno piense de sí mismo más de lo que debe pensar.” Santiago anima a sus lectores a mirar el espejo de la ley de Dios. Al hacer eso, veremos reflejada la imagen de Cristo, quien, aunque exaltado, llegó a ser como uno de nosotros y humillado ante la carga de la cruz.“Si entre ustedes hay alguno sabio y entendido, que lo demuestre con su buena conducta, con la humildad que su sabiduría le da” (Santiago 3:13).
Dame la sabiduría, Señor, para ser considerado, sumiso y lleno de misericordia. Amén.