15 de mayo del 2019
Ester 5:9-6:12; Romanos 12:3
UN TIEMPO DE LAMENTO
“… Mardoqueo volvió a la puerta del palacio, y Amam se fue a toda prisa a su casa, triste y con la cara tapada.”Ester 6:12
Es sabio, el apóstol Pablo nos recuerda, no pensar más de nosotros mismos de lo que deberíamos. Pero personas como Amam exageran su importancia: ¿a quién honraría el rey más que a mí? Los necios sólo invierten tiempo en el “yo”.Estamos familiarizados con tal locura: “Mi cuerpo es mío; Puedo hacer- intelectualmente, sexualmente, matrimonialmente y gastronómicamente-según me plazca. Soy el gobernante de mi propio cuerpo.”Sin embargo, lo que realmente importa no es lo que crees que te mereces, o lo que piensas de ti mismo, sino lo que el Rey piense de ti. Si nos ocupamos de la justicia del Rey, dice Jesús, todas las demás cosas buenas que necesitamos se nos darán a nosotros también.Mardoqueo, un buen ciudadano del reino de los cielos, había salvado al rey de Persia de un atentado contra su vida. Debido a que, “La alegría del rey es promesa de vida,y su buena voluntad es como nube de lluvia” (Proverbios 16:15), el Rey Asuero honró al enemigo de Amam. Peor aún, ordenó a Amam que honrase a Mardoqueo de la manera exacta en que Amam esperaba que se honrara a sí mismo.El honor del necio pronto termina en lamento.Tenemos que actuar con sabiduría, sin pensar demasiado bien de nosotros mismos, y reconocer que todos nuestros dones y talentos provienen del Señor.
Te agradecemos, Dios, por honrar a tu Hijo, Jesús, por encima de todos los demás poderes, al resucitarlo de entre los muertos. Gloria sea para ti, Señor, por medio de Jesucristo. Amén.