20 de febrero del 2019
Lucas 16:19-31
LA GRAN INVERSIÓN
“… en el lugar adonde van los muertos, levantó los ojos y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro sentado a su lado.” Lucas 16:23
En esta parábola de Jesús, el hombre rico vivía con lujo. Nunca conoció los fuertes dolores del hambre o el cansancio de trabajar arduamente. En aquellos días, comúnmente se pensaba que la riqueza como la suya era una bendición de Dios porque estaba cerca de él.Lázaro era un mendigo sentado a la puerta del hombre rico. Estaba cubierto de llagas y los perros callejeros venían a lamerlo. El hombre rico probablemente no apreciaría tener que caminar cerca de Lázaro cada vez que salía o regresaba de su mansión.El hombre rico y Lázaro tuvieron una cosa en común: ambos murieron. La muerte los trajo ante el rostro de Dios, quien juzga a todos. El hombre rico se encontró en tormento sin ningún alivio, y Lázaro vivía en comodidad y el amoroso cuidado de Dios.Tenemos que reconocer que necesitamos la ayuda y guía de Dios en las elecciones que hacemos todos los días. Jesús nos llama a cuidar a las personas necesitadas, utilizando los recursos que Dios nos ha dado. Así como Dios se ha preocupado por nosotros, nosotros debemos cuidar a los demás. Podemos buscar justicia y levantar a los desfavorecidos y oprimidos. Como el tiempo de Cuaresma nos recuerda, podemos seguir el camino de Cristo, muriéndonos a nosotros mismos por su bien y encontrando la vida plena.
Señor, ayúdame a morir en mis posesiones, mis ambiciones y mis pecados ocultos, reconociendo que la vida sólo se encuentra en ti. Amén.