Salmo 8
HUMILDAD Y DIGNIDAD
“Cuando veo el cielo que tú mismo hiciste… ¿Qué es el ser humano? ¿Por qué lo recuerdas y te preocupas por él?” Salmo 8:3,4
En la inmensidad de los cielos, en la luna, en las estrellas, en el sol, en la lluvia contemplamos la majestad del Creador. Todo lo que apreciamos en la naturaleza - los colores de las flores, los árboles frutales, los pájaros volando, los peces nadando, las imponentes montañas, los ríos cristalinos - es obra de sus manos. Más: “Los cielos cuentan la gloria de Dios, el firmamento proclama la obra de sus manos.” Todos le rindan gracias. Mirando la grandeza y los misterios del universo, el ser humano se siente pequeño, hasta insignificante. Consciente de su finitud, pregunta humildemente: ¿Quién soy yo en esa inmensidad? ¿Será que Dios se acuerda de mí? ¿Será que Dios me visitará? Y la respuesta es: ¡sí! Dios conoce todo sobre nosotros y recuerda siempre a todas sus criaturas. Dios visita a cada ser humano y lo invita a la comunión con él.“Pues lo hiciste poco menos que un dios, y lo coronaste de gloria y de honra.” Dios nos creó a su imagen y semejanza. Por eso, la dignidad humana es inviolable. Dios respeta la dignidad y la libertad de las personas. No impone. Ama e invita a cada persona a su presencia. Junto con la dignidad, nos da responsabilidad para cuidar de su creación, hacer el bien y preservar la vida y la paz. Criaturas que sirven al Creador.
Dios conoce todo sobre nosotros y recuerda siempre a todas sus criaturas. Dios visita a cada ser humano y lo invita a la comunión con él. Gracias por el don de la salvación.