Salmo 139:13-16
TEJIDOS EN EL VIENTRE MATERNO
“Porque tú formaste mis entrañas; Tú me hiciste en el vientre de mi madre”. Salmo 139:13
Veía hace unos días unas imágenes de ultrasonido de nuestros hijos. Fue la primera vez que pudimos asomarnos a la vida de nuestros hijos antes de que nacieran. En esas imágenes todavía no sabíamos cómo serían sus ojos, ni el color de su cabello. Apenas podíamos distinguir su pequeño cuerpo. Pero para nosotros significaban muchísimo. Eran la prueba de que una nueva vida estaba creciendo.
Y, sin embargo, mientras contemplábamos aquellas imágenes con asombro, olvidábamos algo maravilloso. Nosotros apenas estábamos dando el primer vistazo. Dios ya los conocía perfectamente. Por eso el salmista puede decir: “Tus ojos vieron mi cuerpo en gestación: todo estaba ya escrito en tu libro; todos mis días se estaban diseñando, aunque no existía uno solo de ellos” (Salmo 139:16, NVI).
Hoy que sabemos mucho más que antes sobre genética, desarrollo embrionario y crecimiento fetal no dejamos de sorprendernos acerca del origen de la vida. Y todo ese conocimiento ha sido de enorme beneficio para la humanidad. Sin embargo, quienes creemos en el Dios de la Biblia no solo aprendemos a respetar la vida. Antes que nada, aprendemos a adorar al Dios que la da. Por eso el salmista exclama: “¡Te alabo porque soy una creación admirable!” (NVI). Y si Dios fue quien le dio la vida, entonces también es Él quien mejor conoce su verdadero valor.
Dios mío, gracias porque desde el comienzo me conociste y me formaste con sabiduría. Ayúdame a valorar toda vida humana como una obra preciosa de tus manos. En Jesucristo, Amén.