03 de agosto del 2026
Hechos 1:6-11
UN REGALO PARA COMPARTIR
“…y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra”. Hechos 1:8
A veces alguien recibe un regalo valioso… pero no sabe bien qué hacer con él. En una ocasión, a una persona le regalaron raciones de comida liofilizada del ejército. Pensó guardarlas “para cuando fueran necesarias”. Las puso en un armario y allí permanecieron durante años, esperando el momento indicado… que nunca llegó. Finalmente, un día se deshizo de ellas sin siquiera haberlas abierto. El regalo que Jesús da a su pueblo no es algo para guardar y olvidar. Él da a sus seguidores el Espíritu Santo, y también les muestra claramente para qué es ese regalo. Jesús dijo a sus discípulos que serían sus testigos en Jerusalén, en Judea, en Samaria y hasta los confines de la tierra. Para ellos esos lugares tenían un significado muy concreto. Jerusalén era donde vivían. Judea era la región cercana, con gente parecida a ellos. Samaria era el territorio vecino, donde vivían personas de otra cultura. Y más allá estaban las naciones lejanas. El Espíritu Santo los enviaría a todos esos lugares para anunciar las buenas noticias de Jesús. Ese mismo regalo ha sido dado también a los creyentes hoy. La pregunta es sencilla: ¿quiénes son las personas que forman parte de nuestra Jerusalén, nuestra Judea y nuestra Samaria? Dios sigue enviando a su pueblo. Y el regalo que Él nos da no es para guardarlo, sino para vivirlo y compartirlo.
Gracias, Jesús, por derramar el don de tu Espíritu en nuestras vidas. Ayúdanos y dirígenos a compartir la buena nueva en nuestros vecindarios y en todo el mundo. Amén.
En Hechos 1:8, Jesús dice: “me seréis testigos”. Pero ¿qué significa ser testigo de Cristo?Una de las cosas asombrosas de Dios es que Él elige trabajar con nosotros. Dios quiere que nos unamos a él en una misión para salvar a quienes no lo conocen y re-novar toda la creación. Parece una tarea difícil e intimidante, pero no estamos solos. Jesús nos ha dado el don del Espíritu Santo y nos llama no solo como individuos, sino también como su iglesia.En nuestro trabajo con Dios en esta misión a lo largo de los años, hemos aprendido que todos tenemos este llamado en nuestras vidas. Algunos de nosotros estamos llamados a servir lejos de casa, y otros estamos llamados a servir y compartir el amor de Dios con nuestros vecinos allí donde estamos. Dondequiera que Dios nos llame, tenemos la oportunidad de compartir el amor de Cristo con las personas que Dios ha puesto en nuestras vidas, ¡y puede que no sea tan intimidante como parece!
Kevin DeRaaf
Es director de Resonate Global Mission, una agencia misionera cristiana reformada que trabaja en más de 40 países al rededor del mundo. Él y su esposa, Jacquie, tienen tres hijos y cuatro nietos y viven en Burlington, Ontario.