Hechos 17:16-31
UN SOLO ORIGEN
“Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra”. Hechos 17:26
A simple vista, la humanidad parece estar llena de diferencias. Cambian el color de la piel, los rasgos, los idiomas, las costumbres y las culturas. A lo largo de la historia, esas diferencias incluso han servido para justificar prejuicios, discriminación e injusticias. Sin embargo, cuanto más estudia la ciencia al ser humano, más evidente resulta que compartimos un origen común. Las diferencias genéticas entre los distintos pueblos son sorprendentemente pequeñas. Somos mucho más parecidos de lo que muchas veces imaginamos.
Muchos siglos antes de que existieran los estudios genéticos, el apóstol Pablo afirmó una verdad aún más profunda: Dios hizo de un solo origen a toda la humanidad. Esto significa que ningún pueblo es más humano que otro. Ninguna nación es superior por naturaleza. Todos compartimos la misma dignidad porque todos procedemos del mismo Creador.
Pero Pablo no menciona esta verdad solo para enseñarnos a respetarnos unos a otros. Su propósito va más allá. Si todos tenemos un mismo origen, también compartimos una misma necesidad: conocer al Dios que nos creó y reconciliarnos con Él por medio de Jesucristo. Nuestra unidad no consiste únicamente en compartir la misma sangre; consiste en que todos somos llamados a encontrar la vida en el mismo Salvador.
Padre celestial, danos esa necesidad de conocerte y reconocerte como nuestro creador. Enséñanos a aceptar a todo ser humano como creación tuya. En Jesucristo te lo pido, Amén.