05 de octubre del 2026
Hechos 17:16-31
UN SOLO ORIGEN
“Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra”. Hechos 17:26
A simple vista, la humanidad parece estar llena de diferencias. Cambian el color de la piel, los rasgos, los idiomas, las costumbres y las culturas. A lo largo de la historia, esas diferencias incluso han servido para justificar prejuicios, discriminación e injusticias. Sin embargo, cuanto más estudia la ciencia al ser humano, más evidente resulta que compartimos un origen común. Las diferencias genéticas entre los distintos pueblos son sorprendentemente pequeñas. Somos mucho más parecidos de lo que muchas veces imaginamos. Muchos siglos antes de que existieran los estudios genéticos, el apóstol Pablo afirmó una verdad aún más profunda: Dios hizo de un solo origen a toda la humanidad. Esto significa que ningún pueblo es más humano que otro. Ninguna nación es superior por naturaleza. Todos compartimos la misma dignidad porque todos procedemos del mismo Creador. Pero Pablo no menciona esta verdad solo para enseñarnos a respetarnos unos a otros. Su propósito va más allá. Si todos tenemos un mismo origen, también compartimos una misma necesidad: conocer al Dios que nos creó y reconciliarnos con Él por medio de Jesucristo. Nuestra unidad no consiste únicamente en compartir la misma sangre; consiste en que todos somos llamados a encontrar la vida en el mismo Salvador.
Padre celestial, danos esa necesidad de conocerte y reconocerte como nuestro creador. Enséñanos a aceptar a todo ser humano como creación tuya. En Jesucristo te lo pido, Amén.
Basta mirar alrededor para descubrir cuánto nos parecemos y, al mismo tiempo, cuántas cosas nos separan. Compartimos las mismas necesidades, alegrías y temores, pero hablamos diferentes idiomas, pertenecemos a distintas culturas y hemos aprendido a identificarnos por nuestra nacionalidad, color de piel, condición social y muchas otras diferencias. Algunas enriquecen nuestra convivencia; otras las hemos convertido en muros que alimentan el prejuicio, la discriminación y hasta la violencia. ¿Era este el propósito de Dios para la humanidad? Durante este mes recorreremos la Biblia buscando una respuesta. Comenzaremos en Génesis, donde descubriremos que todos llevamos la imagen del mismo Creador, y seguiremos la historia de una humanidad que el pecado dividió, pero que Dios nunca dejó de amar. Veremos su promesa de bendecir a todas las familias de la tierra, encontraremos extranjeros recibiendo su gracia y acompañaremos a Jesús mientras cruza las barreras que separaban a las personas. Finalmente llegaremos hasta aquella extraordinaria visión de Apocalipsis: una multitud “de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas” reunida delante del Cordero. De un solo origen venimos, el pecado nos dispersó, la gracia nos alcanzó y Cristo nos está reuniendo.
Huascar de la Cruz
Es casado y tiene cuatro hijos. Ha sido pastor en México por largo tiempo, y en la actualidad funge como el director del Ministerio Reforma.