Hechos 10:34-43
GRACIA SIN FAVORITISMO
“Entonces Pedro, abriendo la boca, dijo: En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas”. Hechos 10:34
Cuando hablamos de prejuicios, solemos pensar en algunos de los episodios más oscuros de la historia: la esclavitud, la segregación racial o la discriminación contra determinados pueblos. Es fácil condenar esos errores cuando los vemos en otros. Lo más difícil es reconocer que el prejuicio también puede esconderse en nuestro propio corazón.
Eso fue lo que ocurrió con el apóstol Pedro. Había caminado con Jesús durante años. Lo había visto acercarse a publicanos, pecadores, enfermos y marginados. Sin embargo, todavía le costaba creer que los gentiles pudieran recibir el evangelio en igualdad de condiciones con los judíos. Fue entonces cuando Dios lo llevó a la casa de Cornelio y le enseñó una lección que cambiaría para siempre la historia de la iglesia. Pedro terminó diciendo: “En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas”.
No significa que Dios ignore la diferencia entre el bien y el mal. Significa que Él no concede su gracia basándose en la nacionalidad, el origen, la posición social o la apariencia. Todos llegamos a Él por el mismo camino: por la fe en Jesucristo. También nosotros debemos examinarnos. A veces levantamos barreras que Dios nunca levantó. Pensamos que ciertas personas están demasiado lejos, demasiado rotas o demasiado diferentes para acercarse al Señor. Pero el evangelio nos recuerda que nadie merece la gracia y, precisamente por eso, la gracia puede alcanzar a cualquiera.
Padre Celestial, perdóname si mi pecado me ha impedido ver a los demás como Tú los ves. Dame un corazón dispuesto a anunciar el evangelio sin favoritismos. En Jesús, Amén.