06 de octubre del 2026
Hechos 10:34-43
GRACIA SIN FAVORITISMO
“Entonces Pedro, abriendo la boca, dijo: En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas”. Hechos 10:34
Cuando hablamos de prejuicios, solemos pensar en algunos de los episodios más oscuros de la historia: la esclavitud, la segregación racial o la discriminación contra determinados pueblos. Es fácil condenar esos errores cuando los vemos en otros. Lo más difícil es reconocer que el prejuicio también puede esconderse en nuestro propio corazón. Eso fue lo que ocurrió con el apóstol Pedro. Había caminado con Jesús durante años. Lo había visto acercarse a publicanos, pecadores, enfermos y marginados. Sin embargo, todavía le costaba creer que los gentiles pudieran recibir el evangelio en igualdad de condiciones con los judíos. Fue entonces cuando Dios lo llevó a la casa de Cornelio y le enseñó una lección que cambiaría para siempre la historia de la iglesia. Pedro terminó diciendo: “En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas”. No significa que Dios ignore la diferencia entre el bien y el mal. Significa que Él no concede su gracia basándose en la nacionalidad, el origen, la posición social o la apariencia. Todos llegamos a Él por el mismo camino: por la fe en Jesucristo. También nosotros debemos examinarnos. A veces levantamos barreras que Dios nunca levantó. Pensamos que ciertas personas están demasiado lejos, demasiado rotas o demasiado diferentes para acercarse al Señor. Pero el evangelio nos recuerda que nadie merece la gracia y, precisamente por eso, la gracia puede alcanzar a cualquiera.
Padre Celestial, perdóname si mi pecado me ha impedido ver a los demás como Tú los ves. Dame un corazón dispuesto a anunciar el evangelio sin favoritismos. En Jesús, Amén.
Basta mirar alrededor para descubrir cuánto nos parecemos y, al mismo tiempo, cuántas cosas nos separan. Compartimos las mismas necesidades, alegrías y temores, pero hablamos diferentes idiomas, pertenecemos a distintas culturas y hemos aprendido a identificarnos por nuestra nacionalidad, color de piel, condición social y muchas otras diferencias. Algunas enriquecen nuestra convivencia; otras las hemos convertido en muros que alimentan el prejuicio, la discriminación y hasta la violencia. ¿Era este el propósito de Dios para la humanidad? Durante este mes recorreremos la Biblia buscando una respuesta. Comenzaremos en Génesis, donde descubriremos que todos llevamos la imagen del mismo Creador, y seguiremos la historia de una humanidad que el pecado dividió, pero que Dios nunca dejó de amar. Veremos su promesa de bendecir a todas las familias de la tierra, encontraremos extranjeros recibiendo su gracia y acompañaremos a Jesús mientras cruza las barreras que separaban a las personas. Finalmente llegaremos hasta aquella extraordinaria visión de Apocalipsis: una multitud “de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas” reunida delante del Cordero. De un solo origen venimos, el pecado nos dispersó, la gracia nos alcanzó y Cristo nos está reuniendo.
Huascar de la Cruz
Es casado y tiene cuatro hijos. Ha sido pastor en México por largo tiempo, y en la actualidad funge como el director del Ministerio Reforma.