07 de octubre del 2026
Juan 3:1-16
AMOR PARA TODOS
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. Juan 3:16
Las mejores noticias suelen llegar cuando menos las esperamos. Así le ocurrió a Nicodemo. Aquel respetado maestro de Israel buscó a Jesús de noche, lleno de preguntas. Seguramente esperaba una conversación sobre la ley o las tradiciones religiosas, pero Jesús le habló de algo que transformó por completo su manera de entender la salvación: era necesario nacer de nuevo. En medio de esa conversación, Jesús pronunció una de las declaraciones más conocidas de toda la Biblia: “Porque de tal manera amó Dios al mundo…”. No dijo que Dios amó solamente a un pueblo, una raza o un grupo privilegiado. Dijo que amó al mundo. Esta afirmación rompía muchas barreras. La salvación no depende del lugar donde nacimos, de nuestra nacionalidad, de nuestra historia familiar ni de nuestros méritos religiosos. El amor de Dios alcanza a personas de toda lengua, cultura y condición social. Pero ¿cómo podemos estar seguros de ese amor? ¿Cómo saber que no depende de nuestros sentimientos o de las circunstancias que estamos viviendo? Mira a Jesús. En la cruz encontramos la prueba irrefutable del amor de Dios. Allí descubrimos que Cristo murió por personas de toda nación, lengua y condición. En Él hallamos la única esperanza de salvación y la certeza de que Dios no hace distinción entre las personas.
Padre Celestial, gracias por demostrarnos tu amor a través del sacrificio de Jesús. Ayúdanos a vivir en la certeza de ese amor inagotable y a compartirlo día con día. En Cristo Jesús, Amén.
Basta mirar alrededor para descubrir cuánto nos parecemos y, al mismo tiempo, cuántas cosas nos separan. Compartimos las mismas necesidades, alegrías y temores, pero hablamos diferentes idiomas, pertenecemos a distintas culturas y hemos aprendido a identificarnos por nuestra nacionalidad, color de piel, condición social y muchas otras diferencias. Algunas enriquecen nuestra convivencia; otras las hemos convertido en muros que alimentan el prejuicio, la discriminación y hasta la violencia. ¿Era este el propósito de Dios para la humanidad? Durante este mes recorreremos la Biblia buscando una respuesta. Comenzaremos en Génesis, donde descubriremos que todos llevamos la imagen del mismo Creador, y seguiremos la historia de una humanidad que el pecado dividió, pero que Dios nunca dejó de amar. Veremos su promesa de bendecir a todas las familias de la tierra, encontraremos extranjeros recibiendo su gracia y acompañaremos a Jesús mientras cruza las barreras que separaban a las personas. Finalmente llegaremos hasta aquella extraordinaria visión de Apocalipsis: una multitud “de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas” reunida delante del Cordero. De un solo origen venimos, el pecado nos dispersó, la gracia nos alcanzó y Cristo nos está reuniendo.
Huascar de la Cruz
Es casado y tiene cuatro hijos. Ha sido pastor en México por largo tiempo, y en la actualidad funge como el director del Ministerio Reforma.