08 de octubre del 2026
Génesis 3:1-15
LA ENTRADA DEL PECADO
“…sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal”. Génesis 3:5
La primera tentación de la historia suele reducirse al deseo de comer un fruto prohibido. Pero el verdadero atractivo no estaba en el fruto, sino en la promesa: “Seréis como Dios”. La serpiente sembró en Eva la sospecha de que la vida que Dios le había dado no era suficiente. Que podía aspirar a algo más. Que sería más plena si dejaba de depender del Creador y decidía por sí misma lo que era bueno y lo que era malo. Ese mismo mensaje sigue resonando en nuestro tiempo. Vivimos rodeados de voces que nos invitan a reinventarnos constantemente. Nos prometen que encontraremos plenitud si construimos nuestra identidad sin límites, si dejamos de aceptar quiénes somos y comenzamos a definirnos únicamente según nuestros propios deseos. Pero el problema no comenzó cuando el ser humano quiso ser diferente. Comenzó cuando quiso ocupar el lugar de Dios. Y esa búsqueda sigue dejando las mismas consecuencias. Cuando dejamos de recibir nuestra identidad como un regalo del Creador, comenzamos a buscarla desesperadamente en el éxito, el poder, la aprobación de los demás o la superioridad sobre otros. La buena noticia es que Dios no abandonó a la humanidad después de la caída. Aun en el mismo jardín anunció que vendría un Salvador (Gn. 3:15). Solo cuando volvemos a Cristo descubrimos que nuestra dignidad no se conquista; se recibe por gracia.
Padre celestial, ayúdanos a encontrar nuestra identidad en Ti, y no en nuestros deseos pecaminosos. Quita nuestro pecado y haznos siervos fieles a tu obra. En Cristo Jesús, Amén.
Basta mirar alrededor para descubrir cuánto nos parecemos y, al mismo tiempo, cuántas cosas nos separan. Compartimos las mismas necesidades, alegrías y temores, pero hablamos diferentes idiomas, pertenecemos a distintas culturas y hemos aprendido a identificarnos por nuestra nacionalidad, color de piel, condición social y muchas otras diferencias. Algunas enriquecen nuestra convivencia; otras las hemos convertido en muros que alimentan el prejuicio, la discriminación y hasta la violencia. ¿Era este el propósito de Dios para la humanidad? Durante este mes recorreremos la Biblia buscando una respuesta. Comenzaremos en Génesis, donde descubriremos que todos llevamos la imagen del mismo Creador, y seguiremos la historia de una humanidad que el pecado dividió, pero que Dios nunca dejó de amar. Veremos su promesa de bendecir a todas las familias de la tierra, encontraremos extranjeros recibiendo su gracia y acompañaremos a Jesús mientras cruza las barreras que separaban a las personas. Finalmente llegaremos hasta aquella extraordinaria visión de Apocalipsis: una multitud “de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas” reunida delante del Cordero. De un solo origen venimos, el pecado nos dispersó, la gracia nos alcanzó y Cristo nos está reuniendo.
Huascar de la Cruz
Es casado y tiene cuatro hijos. Ha sido pastor en México por largo tiempo, y en la actualidad funge como el director del Ministerio Reforma.