Génesis 11:1-4
EL ORGULLO DE BABEL
“Vamos, edifiquémonos una ciudad y una torre, cuya cúspide llegue al cielo; y hagámonos un nombre, por si fuéremos esparcidos sobre la faz de toda la tierra”. Génesis 11:4
Al leer este versículo, por un momento me parece estar viendo un comercial de televisión. Todo son promesas: llegar más alto, hacerse de un nombre, encontrar seguridad y formar parte de algo grande. ¿Quién no quisiera algo así? Compra esto y serás admirado. Alcanza esta posición y habrás triunfado. Consigue más seguidores y serás importante. Ten éxito y finalmente podrás sentirte satisfecho contigo mismo. Cambian los anuncios, pero la promesa sigue siendo la misma: puedes construir una vida suficientemente grande como para no necesitar de nadie más.
Eso fue Babel. El problema no era construir una ciudad ni levantar una torre. El problema estaba detrás del proyecto: “hagámonos un nombre”. Querían grandeza, seguridad y unidad, pero dejando a Dios fuera de sus planes. También nosotros podemos pasar la vida construyendo pequeñas torres: una carrera, una posición, o una imagen que queremos mantener ante los demás. Ninguna de esas cosas es necesariamente mala. El problema comienza cuando esperamos que ellas nos den el valor y la seguridad que solamente podemos encontrar en Dios.
Por eso vale la pena preguntarnos: ¿qué torre estoy construyendo para demostrar que mi vida vale? No necesitamos hacernos un nombre para ser alguien. Nuestra verdadera seguridad no está en qué tan alto podamos llegar, sino en pertenecer al Dios que ya nos conoce por nombre.
Perdónanos, buen Dios, por ir tras el reconocimiento y la aprobación. Abre nuestros ojos para ver el propósito que tienes para nosotros y encontrar contentamiento en Ti. En Jesús, Amén.