13 de octubre del 2026
Génesis 11:5-9
LA DISPERSIÓN DE LOS PUEBLOS
“Y descendió Jehová para ver la ciudad y la torre que edificaban los hijos de los hombres”. Génesis 11:5
De pequeños recuerdo que nos preguntábamos qué tan alta habría llegado a ser la torre de Babel. ¿Sería como alguna de las grandes pirámides o zigurats de la antigüedad? ¿O quizá como esos enormes rascacielos que hoy identifican a algunas de las grandes ciudades del mundo? No tenemos manera de saberlo. Lo que sí nos deja ver el relato, con cierta ironía, es que aquella torre que pretendía llegar hasta el cielo no debía parecer tan impresionante desde allá arriba: Dios tuvo que “descender” para verla. El proyecto que parecía tan grande a los ojos de sus constructores era pequeño delante de Dios. El relato continúa diciendo que Dios confundió sus lenguas y los dispersó por toda la tierra. Lo que aquellos hombres comenzaron con tanto entusiasmo terminó aparentemente en fracaso y confusión. La ciudad quedó inconclusa y sus habitantes fueron esparcidos. Pero Babel no es el final de la historia. La Biblia comienza con una ciudad que los seres humanos quieren construir para hacerse un nombre, pero termina con una ciudad que desciende de Dios. Babel termina con los pueblos dispersos; Apocalipsis nos muestra una multitud de toda nación, tribu, pueblo y lengua reunida delante de Dios. En Babel los hombres querían hacerse un nombre; en la ciudad de Dios, el nombre de Dios estará en la frente de sus siervos. ¡Y usted puede ser parte de ella!
Gracias Señor y Dios, porque tus planes son más grandes y maravillosos que los nuestros. Danos el deseo de vivir para tu gloria y extender tu evangelio al mundo. En Jesucristo, tu Hijo. Amén.
Basta mirar alrededor para descubrir cuánto nos parecemos y, al mismo tiempo, cuántas cosas nos separan. Compartimos las mismas necesidades, alegrías y temores, pero hablamos diferentes idiomas, pertenecemos a distintas culturas y hemos aprendido a identificarnos por nuestra nacionalidad, color de piel, condición social y muchas otras diferencias. Algunas enriquecen nuestra convivencia; otras las hemos convertido en muros que alimentan el prejuicio, la discriminación y hasta la violencia. ¿Era este el propósito de Dios para la humanidad? Durante este mes recorreremos la Biblia buscando una respuesta. Comenzaremos en Génesis, donde descubriremos que todos llevamos la imagen del mismo Creador, y seguiremos la historia de una humanidad que el pecado dividió, pero que Dios nunca dejó de amar. Veremos su promesa de bendecir a todas las familias de la tierra, encontraremos extranjeros recibiendo su gracia y acompañaremos a Jesús mientras cruza las barreras que separaban a las personas. Finalmente llegaremos hasta aquella extraordinaria visión de Apocalipsis: una multitud “de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas” reunida delante del Cordero. De un solo origen venimos, el pecado nos dispersó, la gracia nos alcanzó y Cristo nos está reuniendo.
Huascar de la Cruz
Es casado y tiene cuatro hijos. Ha sido pastor en México por largo tiempo, y en la actualidad funge como el director del Ministerio Reforma.