Levítico 1:1
EL SEÑOR LLAMA E INVITA
“Llamó Jehová a Moisés, y habló con él desde el tabernáculo de reunión…” Levítico 1:1
¿Cómo puede realmente el ser humano tener comunión con Dios? A menudo pensamos que esto es algo que podemos determinar por nosotros mismos. Algunas personas creen que una vida moralmente correcta basta para ganar su favor. Otras restan importancia al pecado, como si no fuera un obstáculo serio. Pero ambos caminos pasan por alto dos realidades fundamentales: la santidad de Dios y el pecado humano. Ambas nos impiden acercarnos a Él a menos que sea Dios mismo quien nos abra el camino.
La Biblia presenta la santidad de Dios como una realidad tan sobrecogedora que incluso Moisés, escogido por el Señor para una tarea especial, debía acercarse con reverencia y cuidado. Por eso, al comienzo de Levítico, no es el pueblo quien toma la iniciativa, sino Dios. Él llama a Moisés, invita a Israel a acercarse y establece las condiciones para vivir en su presencia.
En aquel tiempo, Dios mostró ese camino por medio de Moisés y de las instrucciones dadas a Israel. Sus leyes moldeaban cada aspecto de la vida: el trabajo, las relaciones, la adoración e incluso los deseos del corazón. De esta manera, el pueblo aprendía lo que significaba vivir en la presencia de un Dios santo. Sin embargo, todas esas instrucciones apuntaban hacia algo mayor. Finalmente, Dios envió a su Hijo Jesucristo para salvarnos y llevarnos a su presencia.
¡Dios santo y maravilloso, tú estás siempre con nosotros! Te damos gracias por Jesús, quien hace posible que vivamos cada día en tu presencia. En su nombre oramos, Amén.