Levítico 1:2-9
LIDIANDO CON NUESTRA CULPA
“Y pondrá su mano sobre la cabeza del holocausto, y será aceptado para expiación suya”. Levítico 1:4
Todos sabemos lo que se siente haber hecho algo de lo que nos arrepentimos. A veces tratamos de justificarlo. Otras veces preferimos no pensar en ello. Y en ocasiones la culpa permanece mucho más tiempo del que quisiéramos. Aunque muchos insistan en que no hay nada malo en el corazón humano, nuestra propia experiencia suele decirnos otra cosa: fallamos más de lo que nos gustaría admitir.
La buena noticia es que Dios no dejó a su pueblo solo con su culpa. En Levítico vemos cómo Él mismo proveyó un camino de perdón. Cuando una persona llevaba una ofrenda y ponía su mano sobre ella, reconocía su necesidad delante de Dios y confiaba en la provisión que Él había dado. A través de aquel sacrificio, Dios enseñaba una verdad llena de esperanza: el pecado merece castigo, pero Él provee un sustituto. Por eso la ofrenda era un “olor grato para Jehová” (Levítico 1:9), una señal de su favor y aceptación.
Cada sacrificio ofrecido en Levítico apuntaba hacia un día mejor. Un día en que Dios enviaría a su propio Hijo para hacer lo que ningún sacrificio animal podía lograr. Jesús, el Cordero de Dios, entregó su vida por nosotros y llevó sobre sí nuestro pecado. Gracias a su sacrificio perfecto, hoy podemos acercarnos a Dios con confianza, sabiendo que hemos sido perdonados, aceptados y amados por Él. ¿Lo has hecho ya?
Dios misericordioso, ayúdanos a aceptar nuestras culpas y abrazar el perdón que nos ofreces en Cristo, nuestro salvador. En quien oramos, Amén.