Levítico 3:1-6
OFRENDA DE CALIDAD
“Si su ofrenda fuere sacrificio de paz, si hubiere de ofrecerla de ganado vacuno, sea macho o hembra, sin defecto la ofrecerá delante de Jehová”. Levítico 3:1
¿Acostumbra usted apartar lo mejor que tiene para ofrecérselo a Dios? Es natural reservar lo mejor para aquello que valoramos. Cuando apreciamos algo o a alguien, procuramos darle tiempo, atención y cuidado. Lo hacemos con nuestra familia, con nuestros amigos e incluso con las cosas que consideramos importantes.
Dios enseñó esta misma verdad a su pueblo en Levítico. Las ofrendas de paz celebraban el privilegio de vivir en comunión con Él. Eran una expresión de gratitud y de gozo por la relación que Dios había hecho posible. Por eso, cuando el pueblo llevaba una ofrenda, debía presentar un animal sin defecto y dedicar al Señor las partes más selectas. Dios no necesitaba esos sacrificios; más bien, estaba enseñando a su pueblo que Él merece lo mejor, porque no hay nadie más digno de nuestro amor, nuestra gratitud y nuestra adoración.
Esa misma invitación sigue vigente hoy. Romanos 12 nos llama a responder a la misericordia de Dios ofreciendo nuestras vidas como sacrificio vivo. No porque intentemos ganar su favor, sino porque ya hemos recibido su gracia en Cristo. Por eso vale la pena preguntarnos: ¿qué lugar ocupa Dios en nuestra vida? ¿Le ofrecemos lo mejor de nuestro tiempo, nuestras capacidades y nuestro corazón? Aquel que nos dio lo mejor del cielo merece también lo mejor de nosotros.
Señor y Dios nuestro, gracias por habernos hecho tus hijos. Permite que te honremos dándote con alegría y gratitud lo mejor de nosotros. En Jesucristo, Amén.