viernes 09 de diciembre del 2016

Allen y Lynn Likkel

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Haciendo la misión de Jesús
Allen y Lynn Likkel

El amor de Dios para este mundo se demostró en el sorprendente hecho de enviar a su Hijo, Jesús, para cumplir con la misión de su padre al llegar a ser uno de nosotros. Este mes no sólo consideraremos lo que significa que Jesús vino al mundo en nuestra carne, sino también que nos llama a participar en su misión: “Como el Padre me envió a mí, así yo los envío a ustedes” (Juan 20:21). Vamos a considerar lo que significa participar en la misión de Jesús. Es nuestra esperanza y oración que al entrar en el tiempo de Adviento, al final del mes, estas devociones también ayudarán a prepararnos para celebrar la encarnación y el nacimiento de nuestro Señor.
Allen y Lynn Likkel han servido en comunidades en América del Norte durante muchos años, plantando nuevas iglesias, enseñando, y desarrollando nuevos líderes. Un ministro de la Iglesia Cristiana Reformada, Allen ha servido también en la Iglesia Cristiana Reformada de Misiones durante casi 40 años, y Lynn, también ordenada, ha servido preparando nuevos líderes y congregaciones. En noviembre de 2010, Allen se jubiló, y los Likkels se trasladaron a Washington, su estado nativo. Tienen cuatro hijos adultos.

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Hebreos 10:1-10
Un servicio mal entendido

“Jesús le contestó: Ahora no entiendes lo que estoy haciendo, 
pero después lo entenderás.” 
Juan 13:7 


Nos gusta que las cosas sean lógicas y justas. No solo eso, sino que operamos nuestras vidas basados en ese concepto. La lógica y la justicia son grandes armas para la sociedad. Lo que queremos decir es lo siguiente: lo bueno trae recompensa y lo malo consecuencias. Este principio es muy lógico, pero no siempre funciona de esa manera. Cada uno de nosotros ha tenido la infeliz y dolorosa experiencia de hacer algo bueno y sufrir por ello, y también haber hecho algo malo sin recibir lo que merecíamos.

Cristo no fue comprendido. Ocurrirá lo mismo con usted cuando esté sirviendo: dará su tiempo, perdonará, olvidará, renunciará a sus derechos, obedecerá al Señor al máximo y lavará los pies con una actitud mansa y humilde, y después de todas esas acciones, de vez en cuando será tratado mal.

Al prepararnos para servir debemos ser conscientes de que en algún momento seremos mal entendidos, pero recuerde esto: el Señor siempre nos comprende y nos da la fuerza necesaria para seguir sirviendo. Grábese esto en su mente con toda claridad: ¡Cuando hace algo bueno y sufre por ello con gracia y con paciencia, Dios lo aplaude!

Cristo no siempre fue comprendido, pero obedeció y Dios lo exaltó. Seremos mal entendidos, pero recuerde que servimos al Señor.

Señor, quiero y deseo seguir sirviendo a pesar de que muchas veces no soy 
comprendido. Amén.

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