Jeremías 2:4-13
LO NUEVO NO SIEMPRE ES MEJOR
“¿Acaso alguna nación ha cambiado sus dioses, aunque ellos no son dioses? Sin embargo, mi pueblo ha trocado su gloria por lo que no aprovecha”. Jeremías 2:11
A veces descubrimos, con cierta decepción, que lo nuevo no siempre resulta mejor. Conseguimos un nuevo empleo, pero pronto notamos que las horas extras y el estrés pesan más que el aumento de sueldo. Nos casamos pensando que todo será felicidad, y aprendemos que la vida en pareja también tiene retos. Compramos la casa soñada, pero los gastos y las responsabilidades nos abruman. Esperamos con ilusión la jubilación, solo para darnos cuenta de que el tiempo libre no siempre llena el corazón.
La Biblia también nos muestra una historia parecida. Después de solo dos capítulos de perfección, la creación buena y armoniosa fue reemplazada por algo nuevo… pero trágico: la entrada del pecado. Desde entonces, la humanidad ha vivido intentando llenar ese vacío que dejó la pérdida del paraíso.
El profeta Jeremías lo expresó claramente: el problema no es solo hacer cambios, sino cambiar a Dios por cosas que no valen la pena. Cuando le damos la espalda, fabricamos “nuevos dioses”: el éxito, el dinero, el placer, la imagen, o cualquier cosa que promete darnos satisfacción, pero nos deja más vacíos que antes.
El cambio no siempre trae vida. Si algo —por más bueno que parezca— ha ocupado el lugar de Dios en tu corazón, es momento de detenerte. Vuelve a Él. Pídele que quite de tu vida todo lo que te impida ver su gloria y disfrutar de su presencia.
Padre, perdona mi rebelión. Quita de mi vida todo lo que me impida verte y fija mis ojos en tu gloria y amor. En el nombre de Jesús. Amén.